A medida que avanza la pandemia y se vislumbra una salida controlada en varios países, las posturas y los radicalismos crecen. En la mira ese gran país en el centro de Europa que supo llevar la crisis – de momento – y cuyos pasos son marcados por cautela: Alemania. El reproche de moda: falta de solidaridad, el reproche clásico: austericidio. La austeridad alemana le garantizó fondos en la crisis financiera de 2008 y su posterior seriedad en el ahorro, fondos para a) mantener un sistema de saludo sólido (que no excelente) y b) tener fondos para lidiar con los costes del impacto Sars-Cov2.

Pero la codicia, la envidia y el resentimiento no cesan en aquellos que definitivamente viven por encima de sus posibilidades, que se jactan de afecto y aplausos, pero dejan morir a sus mayores en hogares precarios. También aquí los hogares están en un estado poco satisfactorio y seguro que una de las medidas será reforzar esas instituciones y mejorar la salud pública. Necesario: ahorro e inversión.

En el marco de la crisis Alemania envió insumos al sur, recibió pacientes y desde el liderazgo en la UE marcó los nacionalismos, eso afuera. En el país los antisistema (izquierdistas y de derechas) salieron a la calle con un discurso inventado y peligroso, pero con poco eco.

Lo sé, duele. Alemania lo hizo bien. No perfecto. Bien. Nada más.

¿El reclamo desde el sur es justificado? No lo es.

Años después de la implosión del sistema bancario e inmobiliario en España e Italia la pregunta es: ¿hicieron sus deberes? ¿Mejoraron? No.

Distorsión e ‘infodemia’

Y como todos aquellos que cometen errores, buscan la culpa en otros. Es más, generan contenidos para llevar esa carga a los gobiernos del norte, el NEIN de Merkel ya sonó claro pero no cesan. Como buscando opiniones ya casi bizarras, como esta de una filósofa alemana:

“Vivir este momento en Berlín me da humildad, pero también pudor: al día de hoy, en Berlín tenemos 50 muertos por el virus, en Nueva York van por 10.000. Las imágenes de Madrid o de los campos de refugiados en las islas griegas me resultan prácticamente insoportables. No veo cómo vamos a poder pagar la deuda moral y política que estamos asumiendo como alemanes, como europeos, por no reaccionar con la necesaria solidaridad, con la necesaria humanidad.”

Esas son palabras de Carolin Emcke. Más que ‘pudor’, Emcke usa la palabra avergonzarse, schämen. Lo vergonzoso es ignorar el buen (en realidad mediocre) y sólido trabajo del gobierno alemán de los últimos años. Obvio, Schäuble y Merkel no son glamour, de eso se trata.

Pero en 2015, mientras esos que lloran hoy y siempre solidaridad, Merkel le abrió las fronteras a más de un millón de refugiados. ¿Se avergonzará la señora Emcke también de eso? Al menos hace el ejercicio de elogiar la salud pública y luego se pierde luego en el ‘ejercicio de la libertad’, algo necesario y colateral durante estas medidas que duran unas semanas o meses. Caer en el cuento de ‘represión’ es quedarse corto.

Lección ética

Y una lección moral en cuanto a aspectos éticos, la canciller Merkel sobre la reclusión de mayores como ‘solución’: “Encerrar a nuestros mayores para volver a la normalidad es inaceptable desde el punto de vista ético y moral”. Mientras, en Buenos Aires se le impone a mayores de 70 años tener que solicitar un permiso para salir de su casa. Gana Merkel.

Calladitos

La gestión alemana es tan ejemplar que mientras se mata el virus, se derrumba otra enfermedad, el populismo. La encuesta más reciente sobre la intención de voto en Alemania sitúa a la ultraderechista AfD en ‘apenas’ un nueve por ciento.

Säulendiagramm der Sonntagsfrage zur Bundestagswahl von Infratest dimap für die ARD

En diciembre sumaba un 15 por ciento, la CDU de Merkel un 27. Pero eso poco importa a los activistas camuflados de periodistas y su cruzada bizarra. De hecho, el manejo de cifras es y ha sido negligente.

Desde la crisis financiera Alemania demostró cero talento en los mercados, de hecho hizo lo de siempre: ahorró… hoy recoge los frutos. ¿Por qué no lo hicieron los demás? ¿En qué gastaron sus ingresos?

País destino

Y si es tan terrible Alemania: ¿por qué llegan cada día más extranjeros? En Alemania viven más de 10 millones de extranjeros. Y su número crece:

Statistik: Anzahl der Ausländer in Deutschland (gemäß AZR*) von 1990 bis 2018 (in 1.000) | StatistaHoy ya son más de 11 millones, más de 20 millones son de origen extranjero, una cuarta parte de la población. Y el sur de Europa se beneficia mucho de poder ingresar al país, más de un millón y medio de turcos. Rumanos, italianos y españoles, de los últimos el número va in crescendo:

Woher und Warum: Europäische Schatten der Zuwanderung - Institut ...

Y son cada vez más. Las puertas abiertas y la oferta laboral: definitivamente no se puede hablar de la falta de solidaridad de Alemania. ¿O lo encaramos desde las contribuciones económicas a la UE?

Statistic: Share of total contributions to the European Union budget in 2018, by Member State | Statista
No nos olvidemos que los países del sur (Italia, España, Grecia y Portugal) fueron los beneficiarios neto de los pagos desde el norte, ahora los países del este se reinventan gracias a los fondos europeos, alemanes.

¿Por qué entonces ese resentimiento? Es difícil lidiar con la propia mediocridad, pero envidiar a un país por hacer las cosas bien y tropezar una y otra vez con las mismas piedras no te va a hacer mejor. Y, como reza un dicho:

“El resentimiento es como tomar veneno y esperar que el otro muera”.

Te hace daño, amigx.