Lamentable generalización

No podés abrir las puertas a más de un millón de personas, si no tenés concepto. Eso es lo que hizo Angela Merkel. El viento le sopla en contra a la canciller alemana, quien en un gesto de humanismo abrió de par en par las puertas del país a más de un millón de refugiados, pero la falta de infraestructura y de aceptación en la sociedad le pasan factura política al dinosaurio en la cancillería.

La apertura

El conflicto en Siria generó un éxodo masivo rumbo a Europa, el pais soñado de la mayoría de los refugiados es Alemania. Desconociendo la mediocre realidad de vivir en Alemania piensan que es una suerte de Schlaraffenland de mil y una noches, pero Alemania está muy lejos de serlo. No obstante el flujo no cesa y todos los países, desde Turquía hasta Austria no paran el tránsito de refugiados hacia el norte – recién ayer Austria decidió tomar medidas.

Viena anunció que establecerá restricciones a la cantidad de refugiados que recibirá hasta mediados de 2019, lo que llevó a que países de la ruta de los Balcanes como Eslovenia decidieran evaluar posibles medidas similares. En un intento por frenar el flujo migratorio hacia la Unión Europea (UE), Austria dispuso que este año permitirá el ingreso de un máximo de 37.500 migrantes, es decir, 50.000 menos que los admitidos en 2015. Una drástica medida teniendo en cuenta que ya más de 35.000 refugiados llegaron en los 20 primeros días del año a Grecia procedentes de Turquía.

En una reunión con parlamentarios de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), partido hermanado con su Unión Cristianodemócrata (CDU) en Wildbad Kreuth, Merkel ignoró los pedidos de la base y queda aislada, más que nunca.

El odio

Las escenas en la estación de trenes de Múnich del verano, cuando miles de personas recibían con coros y aplausos a los miles de refugiados que lograban llegar a Alemania ya parecen ‘de otra película’. Hoy reina un resentimiento generalizado hacia los refugiados en Alemania. Tras unos incidentes a fin de año en Colonia, durante los cuales centenares de mujeres fueron incordiadas sexualmente y robadas, la intención de voto de partidos de ultraderecha se disparan.

La gestión de la acogida de refugiados  impulsó las perspectivas electorales de los euroescépticos. Una clara mayoría de los alemanes – un 60 por ciento – considera que Alemania no puede acoger semejantes oleadas migratorias, frente al 37 % que ve al país preparado para asumirlas. Y los grandes beneficiados son los euroescépticos de Alternativa por Alemania (AfD), actualmente sin representación en el Bundestag, que escalan hasta el 11 por ciento en la intención de votos de los alemanes.

El peligro

Alemania no logró durante décadas la integración de millones de personas, se trata de una sociedad que no cuenta con un momento integrador como sí lo tienen Estados Unidos o Uruguay. Con cada mala noticia el odio hacia los migrantes en general crece. Además de carecer de un claro concepto de integración, Alemania no cuenta con una infraestructura sólida para procesar la avalancha de refugiados, quienes se enfrentan a un malvivir en centros de acogida y con poca perspectiva de futuro. Son ellos los primeros damnificados de un país sin ideas.

También la falta de consecuencia en el proceso de repatriación de refugiados a quienes se les negó el derecho a asilo es una especialidad germana. Y son justo esas personas de Marruecos o Bosnia los que impiden una ‘buena acogida’ de las personas necesitadas. El malestar genera un odio generalizado, seguro que un porcentaje normal de los refugiados es criminal, pero cada tropiezo es inflado hasta el no va más y el país se tiñe más de gris de lo habitual en su odio contra todo lo foráneo. Hasta surgen penosos manuales para explicar los estánderes de la sociedad alemana a los recién llegados salvajes, la cadena bávara de televisión, BR, dio un penoso ejemplo con su guía cultural online.