Desparecidos, no muertos…

El próximo 27 de septiembre va a cumplirse exactamente un año de uno de los sucesos más preocupantes y desafiantes para la sociedad mexicana: la desaparición de 43 estudiantes (y la muerte confirmada de otros cuatro) en Ayotzinapa, localidad de Iguala en el estado de Guerrero. Las familias de estos estudiantes no encuentran sosiego ni consuelo desde entonces, y a medida que pasa el tiempo, pierden las esperanzas de hallar una respuesta coherente por parte del gobierno. Hoy el Grupo Interdisciplinario de Expertos Indepentiendes (GIEI), de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) subrayó las dudas y cuestionó la versión oficial sobre las desapariciones en Ayotzinapa.

El entonces procurador Jesús Murillo Karam, en representación de la Procuraduría General de la República, fue el encargado de anunciar al país el 7 de noviembre de 2014, que los estudiantes fueron asesinados luego de que estos fueran entregados por malos elementos de la policía de Iguala y Cocula a la banda criminal conocida como “Guerreros Unidos”. Los cuerpos de los estudiantes, siempre según la versión oficial, habrían sido arrojados en un río aledaño, en bolsas.

La procuraduría, se reafirmó en lo dicho el 27 de enero de 2015, vinculando con el caso a José Luis Abarca, alcalde de Iguala en el momento de los hechos. La versión oficial da cuenta que un grupo rival de los Guerreros Unidos habría tratado de implicar a los estudiantes en una protesta contra el alcalde, por lo que Los Guerreros Unidos, coludidos con el alcalde, habrían decidido su asesinato.

La protesta e indignación de los padres de los estudiantes, como era lógico, no se hizo esperar. Rechazaron de plano las explicaciones del gobierno, aduciendo que estas no tenían ninguna base comprobable. La posición firme de los padres fue desde entonces, que sus hijos están vivos, hasta que se demuestre fehacientemente lo opuesto.

Lo que llama poderosamente la atención de cualquier observador imparcial, es que la Escuela Normal de Ayotzinapa ha sido ya víctima en otras oportunidades, de una fuerte represión y hostigamiento debido a su línea comunista y antecedentes de protestas violentas. Ya en el 2011 hubo un connato entre estudiantes de esta escuela y las autoridades, con el saldo de tres muertes. No es necesario tener algún sesgo ideológico para sospechar que en las desapariciones de Ayotzinapa, hay un fuerte componente político, algo que ya han denunciado varias entidades dentro y fuera de México.

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Indepentiendes (GIEI), de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), presentó este domingo 6 de septiembre su informe “Ayotzinapa, investigación y primeras conclusiones”, señalando que los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa no fueron incinerados en basurero de Cocula. Anteriormente el GIEI denunciaba la manipulación de evidencia por parte de los investigadores oficiales. ‘Con las pruebas disponibles no tenemos evidencia ni de vida ni de muerte’, concluyó el investigador español Carlos Beristain. A un año de Ayotzinapa las dudas permanecen y el grito de ‘Fue el estado’ no perdió fuerza…

Informe Completo GIEI Caso Ayotzinapa