Bogotá mon amour

Ya pasó un mes en Bogotá. Hora de recapitular. ¿Valió la pena? Laboralmente, seguro. Venir como corresponsal de guerrilla, sin técnico a rodar, editar, viajar y reportar… es una excelente experiencia. Tanto así que abogo totalmente por establecer una corresponsalía fija. América Latina, dejando de lado los muchos problemas que tiene, despega. Despegan Colombia, Chile, Uruguay, Panamá y el Perú. Los otros… se demoran.


Con esta ID mando el material desde Bogotá al server berlinés. Cuestión de meterle onda.

Más allá de lo laboral que me trajo, es descubrir otro mundo. Mi Colombia era de breves visitas, hasta de escala rumbo a Europa. Ahora, me enamoré – hasta dos y tres veces. La ciudad es caótica, pero se esmera en mejorar. Me siento en casa.


El gran enemigo es el tráfico, carros y más carros le restan calidad de vida. A pocos días de elegir un nuevo alcalde espero que los bogotanos sepan elegir bien, para no ahogarse en lo mediocre. La bici se hace lugar, lentamente pasa lo que pasa en Berlín – tener un carro es sinónimo de poco seso, más en esta urbe contaminada. Pero todavía predominan los 4×4 como en LA, las tetas hechas, las mentes huecas – una lástima. Son tantas las estampas diarias, tantas impresiones. Unos chicos, chinos como les dicen acá, me armaron una fixie.

MIC
Unos berracos, unos duros.. el emprendimiento colombiano es destacable. El servicio es excelente, tristemente los salarios son bajos y la ‘alta suciedad‘ colombiche mantiene modernos esclavos para pasear a sus perros, sus niños y sus abuelos. La salud pública es lamentable. Pero igual, se puede, se mueve…

Bogotá ya se convirtió en un imán para demasiados extranjeros, huelen plata… y plata habrá. Tocará distribuirla de forma más equitativa, pero si le tengo fe a algún país en América, es a Colombia.

Que además, sin pedirlo y para complicar todo, me dio un amor …