Sobre gustos no hay nada escrito y las masas nunca destacaron por tener uno especialmente sofisticado. De ahí no sorprende que muchos vanaglorien a alicaídos abuelitos del rock que poco brillaron, más allá de pequeños himnos mediocres allá por los 60 y 70, subidos a la grandeza de los Beatles o impulsados por verdaderos rotos como Jimi Hendrix. Sí, los Rolling Stones son una de esas bandas sobrevaloradas y que perdieron hace ya unos 40 años todo su mojo. Con la frecuencia que visité últimamente América Latina detecto que el timo con bandas en decadencia es un mal continental. Lo que en EE.UU. o Europa apenas llega en eventos oldie, acá está en pleno auge.

Los Rolling convocan en RU y EE.UU. a cincuentones nostálgicos y generan siempre un “¿ahh viven todavía?”. No acá. Me siento como en los 70 y percibo que el decrépito Mick es por estos lares aún un viril varón del rock y no un man que canta década tras década las mismas aguadas canciones, rock de flojos, himnos de nuestros abuelos. Bogotá & Co. enloquecen con la visita de este tipo de grupos salidos del freezer, hasta Semana usa frases patéticas como:

‘Es la segunda vez que un Rolling Stone pisa tierra colombiana.’

Parece que llegó el papa, los expertos locales se masturban en penosas notas sobre lo histórico de los Stones. Una explicación es, tal vez, que somos un continente necesitado de figuras. O que, aún hoy, queremos ser más gringos que los gringos. Colombia es tan rock que prevé multar a quienes fumen marihuana en espacio público, es tan rock que los homosexuales forman familia y ocultan su sexualidad, es tan rock … que gusta de los Rolling. Así acudirán y pagarán cientos de miles de pesos para ver a la geriátrica banda en El Campín y cantarán…

Es graciosa la devoción por estos representantes históricos del rock aguado que carecen de todo lo que tuvieron Ian Curtis, el propio Hendrix o Jim Morrison. Una lista interminable de genios como Charly, PJ Harvey, Spinetta, Cerati o los Neubauten. Los Stones son un fiel reflejo de Pomelo del gran Capusotto:

En fin, yo hasta que este país no le levante un monumento a Edson Velandia me cago en todos los desinflados agujeros negros del rock filtrado que traigan, en los devotos rockeros locales de alto estrato (una contradicción) y en las voces de aquellos necesitados de vetustas figuritas que pisen el suelo patrio … y me cago en el concepto de patria también. Siempre.