Sacar a Maduro. Como sea.

Hace rato que Venezuela colapsó. Caminar por las calles de Caracas hace unos meses ya era triste. El noviembre pasado aterricé en Maiquetía ya todo era gris, triste. El primer día me deprimí. Ni tengo mucho contacto y tampoco me fascina especialmente ese país. Pero sí recuerdo que cuando era chico en Uruguay se hablaba de Venezuela como una suerte de Meca americana.

Durante los últimos años hablamos mucho de su desastre político, de su actual presidente defectuoso. Pero que Maduro sea un imbécil ya no es relevante. La incompetencia de Maduro no es lo grave hoy. Lo grave es que todos nosotros, afuera, somos testigos de una suerte de ‘holocausto anímico’ de ese país, más allá de los asesinatos, del narco estatal o de los presos políticos: un país de América, tal vez el más, rico colapsa ante la mirada el mundo y … a nadie le importa.

No hay más análisis que hacer, las palabras sobran. El chavismo vendió un modelo erróneo y tal vez Hugo Chávez lo supo llevar mejor. Vivió del despilfarro y de los regalos por votos. Pero eso tampoco importa ya, su legado político, Maduro, destruyó cualquier logro y marcó también la figura de Hugo Chávez. El chavismo-madurismo borró la alegría de las caras de los venezolanos. Algo imperdonable. Cada día con Maduro al mando no solo es un día perdido para Venezuela o un día de vergüenza para toda América. Es insoportable.

Es simple: llegó la hora de sacarlo, por las buenas o por las malas. El ejército traiciona al pueblo, la GNB traiciona al pueblo, el pueblo… traiciona al pueblo. Llegó la hora de hacer volar a Maduro y al chavismo del poder … como sea.

Venezolanos… ¡a las calles!*

*Injerencia decidida