Tusa insoportable

¡Qué oso! ¡Qué fracaso! ¡Me avergüenzo de ser colombiana! Así reaccionaron muchos en Bogotá ante el resultado del plebiscito. Y no es para menos. Frente a sí mismos, frente al mundo, Colombia le dijo ‘no’ a la paz. Colombia ‘hizo el oso’. La incertidumbre de estos días se respira en Bogotá, el shock es mayor. La tusa, insoportable.

¿Qué paso? Cegados por el ímpetu histórico y la disposición de las Farc de poner fin a 52 años de guerra, el ‘sí’ era anhelado por los medios, los jóvenes en Bogotá, las Farc, las redes sociales, las encuestadoras, los hipster, las víctimas…

Pero Colombia es más. Colombia es el campo, es católica, es envidiosa y resentida. El acuerdo es satánico, se llegó a decir. ¿Las Farc en el Congreso? Impensable. ¿Timochenko en libertad? ¡Jamás! Colombia se partió en dos, la Colombia vieja, pero no obsoleta, aún tiene fuerza. Esa cara fea de la historia colombiana movilizó a más gente. ¿Plata para asesinos? ¿Por qué darles cosas que muchos no tienen? ¿Impunidad? Paz viene con grandeza y esa grandeza le falta a esa derecha recalcitrante tan colombo-latinoamericana, a esa oligarquía cavernaria de la que habló el expresidente de Uruguay, Pepe Mujica.

Blanco y negro, eso gusta. Antes muertos que compartiendo, ese es el mantra de los que no evolucionan, de los que no saben perdonar. Uribe, las Farc y Santos son dinosaurios que deben desaparecer, con la firma y el plebiscito era casi un hecho. Hay que darle a la guerrilla para que se vaya, hay que admitir que Santos – sí, el de los Falsos Positivos – se volcó con la causa. Se merecía un reconocimiento, nada más. ¿Y Uribe? Estaba en su lugar.

Ahora, Colombia mezcló el cóctel de siempre y apenas un milagro – para los que creen en esas estupideces – podría salvar al país de ser la misma figura patética de la historia, esa Colombia bananera clasista que tanta vergüenza ajena da.

… hay de todo

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El ‘sí’ era un sí a la evolución, a abrir caminos rumbo a un país moderno, lejos de la mediocridad de la explotación y el abuso tan típicos de esta Colombia de hoy. Durante un año cubrí el camino hacia la paz. Resultó no ser un camino, más bien un laberinto y perdidos en el: todos los colombianos.

Lamentable.

 

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